Hasta hace unos años, cuando alguien tenía un caballo, estaba claro que también montaba a caballo. Sin embargo, en los últimos tiempos es cada vez más frecuente encontrar a personas que tienen caballos, pero que deciden no montarlos. A estas personas se les suele preguntar “si no montas, ¿para qué tienes un caballo?” o “entonces si no montas, ¿qué haces con el caballo?”.
Históricamente el caballo lleva vinculado miles de años con los humanos quienes los utilizaban para el desplazamiento propio, el transporte de mercancías, el trabajo en el campo y en las guerras. Todavía hace 100 años se veían con frecuencia caballerías en las ciudades desempeñando trabajos de transporte. Con la producción industrial del automóvil sin embargo el caballo dejó de ser necesario como medio de transporte y trabajo y pasó a formar parte del sector de deporte o tiempo libre. En otras palabras, podemos decir que el caballo ha pasado de ser un animal de trabajo a ser un animal de compañía, aunque no conviva con su propietario.
Los animales de compañía proporcionan acompañamiento y disfrute a las personas y es exactamente esto lo que buscan las personas que tienen caballos que no montan. Los caballos son muy especiales, ellos son altamente sensibles y muy capaces de formar vínculos con los humanos. Tienen una curiosidad natural por el humano y están dispuestos a compartir tiempo y espacio con nosotros. Por naturaleza viven en manada y muestran comportamientos parecidos a los nuestros cuando interactúan con los miembros de la manada. Por ejemplo, establecen amistad con ciertos ejemplares y con otros casi no se tratan, se protegen mutuamente de las moscas, se alteran cuando se ausenta un caballo amigo y un largo etcétera. Estas habilidades las transfieren a la relación con los humanos y además poseen una asombrosa capacidad de leer la energía emocional de los humanos. Si vienes muy enfadado a ver a tu caballo, nada va a funcionar bien, de hecho lo más probable es que te evite. El caballo te invita a dejar atrás pensamientos rumiantes y a prestar atención a él en el momento presente. Tienen una manera única de acompañarnos y crear un espacio donde te puedes sentir seguro y entendido emocionalmente. También nos ayudan a ralentizar y calmarnos después de un día estresante. Los caballos, no importa que sean grandes o pequeños, tienen un efecto relajante y reconstituyente en los humanos y te lo va a confirmar cualquier persona que se relaciona con ellos.
Entonces, ¿qué haces con el caballo, si no lo montas? Lo primero y más simple es: pasar tiempo con él. Simplemente estar con un caballo tiene un profundo efecto positivo en nosotros. ¿Y qué otras cosas se pueden hacer? Se les puede limpiar y cepillar. Se puede dar paseos con ellos del ramal. Se le puede enseñar a andar por delante de la persona con riendas largas. Se puede hacer horse agility, que es la versión para equinos de dog agility, donde junto con el animal se pasan una serie de obstáculos en un recorrido. También se le puede enseñar todo tipo de ejercicios pie a tierra. En resumen, se pueden hacer muchas cosas y sea lo que sea la razón por la que no se monta, el tiempo que se pasa con el caballo vale oro.



